Cuando le dije que la pasión
por definición no puede durar
¿como iba yo a saber que
ella se iba a echar a llorar?.
No seas absurdo, me regañó,
esa explicación nadie te la pidió
así que guardatela, me pone enferma
tanta sinceridad.
Y así fue como aprendí
que en historias de dos
conviene a veces mentir
que ciertos engaños son narcóticos
contra el mal de amor.
Yo le quería decir que el azar
se parece al deseo que un beso
es sólo un asalto y la cama es
un ring de boxeo, que las caricias
que mojan la piel y la sangre amotinan
se marchitan cuando las toca la sucia rutina.
Yo le quería decir la verdad
por amarga que fuera contarle
que el universo era más
ancho que sus caderas.
Le dibujaba un mundo real
no una color de rosa, pero
ella prefería escuchar mentiras piadosas.
Y las caricias que mojan la piel
y la sangre amotinan
se marchitan cuando
las toca la sucia rutina.
jueves, 15 de enero de 2009
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