martes, 25 de mayo de 2010


No me acuerdo muy bien
cuántos besos dejamos
en cada esquina,
pero imposible olvidarme
de aquel cuart
o donde aquella noche subió
la adrenalina.
Se juntó una religión que e
ra puro corazón
con otra que nunca existió,
se juntaron dos camas y
no alcanzaban
para tanto fuego, tanta acción,
tanto descon
trol.
Elegimos el colchón más chico
y pareció d
e dos plazas,
cuando el colchón terminó bienvenido fue el piso
del com
edor de su casa.
A cada beso caía un
a estrella,
cada arañazo calmaba el dolor